“1 Juan 2:1-3 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos”

La profundidad y claridad meridiana de este consejo de Juan debe llevar a una reflexión profunda, a algunos,  o a una consolidación de la esperanza en él, a otros. Juan plantea dos verdades innegociables resumidas en una sola expresión: ¡Sólo Cristo!

Nuestro abogado y única propiciación.

Jesús es nuestro abogado, único con potestad para interceder por nosotros ante el Padre. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”, nos recuerda el pequeño gran Pablo en 1 Timoteo 2:5-6

La oscuridad del pecado separó y separa al hombre del Dios de luz, pero,  Jesús “es la propiciación por nuestros pecados”. Juan dimensiona  la obra de Cristo en la cruz: Él es la propiciación, su vida es el único sacrificio sustitutorio ante Dios por nuestros pecados.

Jesús murió por mí y por ti, y sólo por medio de la fe en ese sacrificio encontramos perdón y salvación.

Romanos 3 es lectura complementaria necesaria para estos versos de Juan, a fin de entender nuestra relación con Dios y la dimensión de la obra de Cristo: “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre…” (Romanos 3:25)

Juan comienza en esta carta, un mensaje que parece escrito para muchas iglesias de hoy, en las que el perdón sin arrepentimiento es  norma, donde Cristo no es el mensaje central sino actor de papel secundario. Donde la prosperidad es obligación de Dios para con el pecador que ofrende más, donde la voluntad de Dios y su Palabra  tienen menos peso que la oración de un comerciante de su propia palabra que se desparrama en decretos, reprensiones, pisadas y declaraciones en el nombre de un “Jesús” falsificado en su  absurda voracidad por la prosperidad material.

¿Es Jesús, único autor y consumador de tu fe o un simple actor de reparto de un guión escrito en los avernos y al que te unes?”

365 Meditaciones…73

Marzo 13

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