“1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”

La profundidad que guarda la simpleza de este verso debería estremecernos. Si somos creyentes, sabemos que estamos ante un imposible.

Dos cosas declaran su presencia en nuestras vidas: nuestra cotidianidad y nuestro pensamiento íntimo. Ambas cosas nos dan idea de la dimensión de Su gracia. No hay andar humano que pueda llenar sus huellas, sólo por gracia alcanzamos el objetivo de la fe.

Sólo la gracia nos salva del juicio implícito en la imposibilidad que plantea el verso: la perfección de Cristo es inalcanzable para el hombre, pero en la intencionalidad rendida a imitar sus pasos se define el compromiso de fe de un corazón.

La profundidad que el verso plantea, al corazón que dice estar en Cristo, está en la frase: “andar como él”.  Pero ¿cómo podemos andar como él, desde la imperfección de nuestros corazones caídos? La misma frase indica la ruta. La idea es andar, avanzar, caminar, adelantar en la vida con la diligencia y el propósito de construir en nosotros el carácter que define nuestras decisiones, nuestros pensamientos y actitudes.

Vivir en obediencia a Él, actuando en todo tiempo en mansedumbre y humildad.

Recordemos que la dirección a que Juan nos quiere llevar en esta carta es al origen mismo de la fe que estaba siendo desvirtuado en medio de la segunda generación de cristianos. Juan nos quiere acercar a la idea de ser como Jesús, no de ser Jesús. Nos reta a volver al primer amor por el cual hemos creído y por el cual nuestro velo fue desgarrado para ver a gloria de la gracia del perdón en la cruz del Calvario.

Moldear el carácter en lo cotidiano para cubrir el mandato de Jesús en Mateo 11:29-30 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”

Mansedumbre y humildad de corazón, no de obrar, esencia del carácter cristiano.

¿Somos mansos y humildes?”

365 Meditaciones…76

Marzo 16

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