“1 Juan 2:4-5 “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”

La severa cordialidad de una dura acusación. Juan aterriza el tema de la fe cotidiana envuelto en la combinación difícil de una reprimenda piadosa.

Juan el “Apóstol del amor” en esta carta apela a vernos en nuestra cotidianidad permeada por el conocimiento que decimos tener de Dios Padre y Dios Hijo. “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” 

Juan confronta nuestra cotidianidad en el pragmatismo de vivir la fe, no solo sentir la fe o teorizar la fe.

La fe es herramienta para vivir la vida, no un esquema teórico en el que resguardarse buscando una seguridad imposible en el simple conocimiento de Dios, sin una cotidianidad que evidencie que ese conocimiento ha transformado nuestra vida en la obediencia continua, en el sometimiento de nuestra voluntad en humildad y mansedumbre.

Recordemos que Juan escribe esto a la iglesia de la segunda generación, “bombardeada” por falsos maestros tergiversando la gloria del Evangelio.

La verdad de Dios transforma y redime.

Juan, en estos versos, coloca un espejo enorme ante nosotros para que examinemos nuestra vida de fe. ¿Cuánto pecado he dejado por la verdad que he conocido en Cristo? ¿Hay áreas de mi vida que entran en conflicto con sus mandamientos?

“pero el que guarda su palabra”, aquí la esperanza. Guardar su palabra es reconocer, aunque sea tarde en lo cotidiano, la soberanía y gloria, dimensión y alcance de la obra de Cristo que nos trae al arrepentimiento continuo. Y esto nos lleva a un verso anterior que es el eje que mantiene el motor de la fe corriendo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9)

Quien no reconocer sus pecados, está apuntando a cualquier cosa, menos a Cristo.

La transformación que por gracia vivimos, es un proceso de andar, constante, en el que el corazón se va moldeando conforme al carácter del Hijo. Juan nos lo dice más adelante”

365 Meditaciones…75

Marzo 15

Advertisements