1 Juan 2: 12-14 “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno”

Un llamado en seis “porqués” a tres generaciones: perdón, conocimiento de Dios (3), perseverancia en Él y victoria sobre el pecado.

Recordemos que Juan escribe a la iglesia de la segunda generación, entre los años 85 y 90 DC,  donde la probabilidad es alta de que abuelos, hijos y nietos están andando o desandando juntos lo que han conocido de Cristo. En la audiencia de Juan hay coetáneos de él y de Jesús.

La ternura del corazón de Juan aflora de nuevo en estos versos luego de la severa advertencia en el pasaje 9-11. En 12-14, Juan retoma el tono amoroso con que inicia  la carta al llamarlos y llamarnos “hijitos”, como expresión amorosa de un padre hablando a sus hijos en conjunto;  pero en este pasaje, según los estudiosos del idioma original, ese mismo término, “hijitos”, tiene también la connotación de niños, de personas de corta edad cuando dice en el verso 13 “Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre”.

Juan lleva el mismo mensaje para las tres generaciones y para todas las generaciones incluida la nuestra: Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre” (v.12)

A los padres, porque conocen y han conocido en persona “al que es desde el principio”, Jesús.

A los jóvenes, porque en su perseverancia en el conocimiento de Cristo, por la fuerza de la juventud, han vencido al maligno permaneciendo en la Palabra. A los niños, porque han conocido a Dios por medio de la perseverancia de los jóvenes, los padres y abuelos.

El clamor de Juan en esta carta es avivar la comunión de la iglesia de ese momento con el Dios que algunos pudieron conocer incluso en persona y que los más jóvenes han conocido por la predicación del Evangelio.

Juan busca fortalecer la convicción del conocimiento de Cristo como esencia de la comunión con el Padre. Cabe preguntarnos hoy: ¿Estamos profundizando en el conocimiento de Cristo como medio de comunión con el Padre? ¿Cuán fuerte es la convicción de perdón que tenemos? ¿Cuánto perseveramos en la Palabra? ¿Estamos venciendo el pecado cotidiano en el que sabemos caemos

Padre sostennos y fortalécenos en el conocimiento de tu Hijo para en lo cotidiano poder honrar nuestra comunión contigo”

365 Meditaciones…79

Marzo 19

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