1 Juan 2:15 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”

Amar es una decisión deliberada, de otra forma  no sería posible experimentarla. Lo que definamos como objeto de nuestro amor es lo que marca la diferencia entre la sanidad y la santidad de ese amor.

Amar al mundo o amar a Dios, ahí el dilema.

Entre este planteamiento tajante que Juan nos hace: “No améis al mundo”,  y el mandamiento del Señor de amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas, se debate la vida de fe de cualquier corazón.

Amar a Dios es la decisión que permite al corazón, a pesar de sí mismo, honrar al amor que nos amó primero. Juan nos recuerda este principio más adelante en la carta cuando nos dice “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4:19.

Amar a Dios o al mundo es la decisión rutinaria que hacemos y que evidencia cuánto estamos en Él.

El carácter formado a la imagen del Hijo toma sus decisiones cotidianas con el deliberado propósito de honrar a Dios en lo bueno, sobre todo las decisiones que tienen impacto, directo o indirecto, en el prójimo. Y si nos ponemos a ver, toda decisión tiene una contracara donde el amor de Dios puede ser honrado de manera directa.

Toda decisión que tomamos va atada a estas dos condicionantes, amar a Dios o amar al mundo, creámoslo o no.

Por decir, el precio que pagas cotidianamente por lo innecesario puede comprar la solución a un tema vital para un hermano que conoces y que sabes que puedes resolver. Por decir, la luz roja que en tu egoísmo volaste pone en riesgo la vida y la paz de aquel que estuviste a punto de arrollar. Por decir, el mendigo que ignoras en la esquina para no darle diez pesos, posiblemente resuelve su alimentación de un mes  con el costo del tabaco que te vas a fumar el sábado.

Velemos nuestro orgullo, vanidad y avaricia, son la contraparte de la justicia, misericordia y humildad que Dios nos pide hacer, amar y vivir:“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” Miqueas 6:8

La lucha espiritual es a muerte, entre orgullo, vanidad y avaricia, y, justicia, misericordia y humildad. Seamos diligentes en estar del lado correcto de la historia.

¿Cuánto amor por Dios o el mundo evidencia tu cotidianidad?”

365 Meditaciones…81

Marzo 21

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