1 Juan 2:16-17 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”

La comodidad, amante complaciente de la carne, es lo peor que pudiera ocurrir a nuestra mejor diligencia espiritual.

La comodidad es el amor distorsionado por uno mismo, condición que nos lleva a obviar las razones espirituales que deben movernos, para sucumbir ante “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida”, como nos indica Juan. ¿Cuán cómodos estamos?

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (v. 15) Recordemos que el objetivo de Juan con esta carta es retomar la esencia de la vida fe en el fortalecimiento de nuestra comunión con Dios, por medio del conocimiento de su Hijo Jesucristo. “…lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”

Jesucristo murió por amor, por ti y por mí, para que finalmente pudiéramos tener comunión con el Padre, por medio de Su propiciación por nuestros pecados, en la cruz y gloriosa resurrección. ¿Honramos en nuestras decisiones el conocimiento de ese amor?

Es a ese amor al que deshonramos cuando sucumbimos ante lo que el mundo ofrece y la carne pide.

La materialización de nuestro amor por Dios y no por el mundo, se manifiesta cuando las decisiones cotidianas van permeadas por aquello “que hemos visto y oído”. ¿Evidencia nuestra cotidianidad lo que hemos visto y oído del Señor?

El pequeño gran Pablo en Romanos 12:2, nos insta en esta misma línea de Juan: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” ¿Cuánto de mundo hay en nuestra forma de pensar?

Dios, habló a Israel y nos habla a nosotros por medio del profeta Miqueas y nos ha dicho: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” Miqueas 6:8

¿Fortalecemos en nuestras decisiones cotidianas nuestra comunión con Dios? ¿Cuánta justicia hacemos? ¿Cuánto amamos la misericordia? ¿Cuánto nos humillamos ante Él?

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Marzo 22

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