“1 Juan 2: 24-25 Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna

La conquista esencial de nuestra esperanza es la vida eterna por medio de Cristo. Único camino y única propiciación agradable al Padre.

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

La confesión verdadera de Cristo como Señor y Salvador, viene en el convencimiento de que Él murió por nuestros pecados para otorgar perdón y vida eterna a todo aquel que en Él crea. Esa es la esencia del Evangelio, y es esa esencia que Juan urge rescatar en el contexto en que esta carta es dirigida: una iglesia de segunda a tercera generación, asediada por un sinnúmero de falsas doctrinas, falsos maestros y falsos profetas haciendo fama de sí mismos, usurpando el lugar que sólo Cristo puede ocupar, vendiendo milagros, oraciones y atajos hacia la falsedad que el orgullo, la vanidad y el pecado construyen. ¿Parece hoy, no?

Donde está nuestra esperanza, ahí está nuestro dios. ¿Es Cristo fuente de tu esperanza diaria? ¿Cuánto falso mensaje mueve tu esperanza?

Juan nos insta a permanecer, diligentemente, en el conocimiento y el anuncio de aquel por cuyas virtudes fuimos llamados de las tinieblas a su luz admirable, parafraseando el pasaje de 1 Pedro 2:9

Su amor nos encontró en un punto de nuestras vidas y, por Su gracia, vimos en Su luz la realidad de nuestras tinieblas. Nos conquistó y nos sostuvo en ese momento en que vimos la dimensión de nuestra maldad y las consecuencias en Sus carnes rasgadas. En los jirones sangrientos de Su piel, colgando en Su cuerpo molido por nuestros pecados; Su cuerpo colgando de un madero, no sostenido por los clavos, sino por la esperanza que a Él mismo le fue dada en la promesa de la vida eterna junto al Padre. ¿Por qué olvidamos?

Padre de la gloria, reaviva en nuestra cotidianidad ese momento en que la luz de tu verdad cubrió nuestras tinieblas. Danos la memoria necesaria para recordar continuamente la promesa de la vida eterna que es esencia de nuestra fe. Dobla nuestras rodillas del alma para en lo cotidiano mantener fresco ese momento en el que alcanzaste nuestro corazón descarriado. Por amor de tu Nombre, ayúdanos a no olvidar y reconquistar la esperanza que nos trajo a tus pies…”

365 Meditaciones…86

Marzo 26

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