“1 Juan 2:26 “Os he escrito esto sobre los que os engañan”

La probabilidad de ser engañados es latente para quienes no tienen claro cuál es la esencia del Evangelio verdadero.

Juan es directo en señalar la razón por la que escribe, no precisamente desconfiando del corazón de aquellos a quienes escribe, sino como advertencia de una realidad que les puede seducir en la falibilidad de sus corazones: los anticristos desvirtuando la verdad del Jesús resucitado como el Cristo, redentor y único medio al Padre.

Juan conoce que aquellos que han sido ungidos por el conocimiento de Cristo siguen siendo corazones falibles, pasibles de ser seducidos por doctrinas que tuercen el mensaje del Evangelio. Corazones, como el tuyo y el mío, que en las manos erradas pueden ser dirigidos a la falsa idea del poder mismo del hombre, obviando la voluntad de Dios en cada circunstancia; descarriados en planteamientos de prosperidad que hacen de la obra de la cruz una escena secundaria bajo la trama absurda de la abundancia material irreverente. Corazones que bajo  el “poder” del falso predicador son llevados por caminos de perdición alejándoles de Cristo Jesús y acercándoles al oscuro recodo de los traficantes de la fe.

Juan conoce el corazón del hombre y sabe que la iglesia a la que escribe, sumatoria de esos corazones falibles, está en el momento justo para olvidar lo aprendido y lo recibido. Por eso los urge a permanecer en Él y les recuerda ese primer momento en que la unción abrió sus ojos y creyeron. Les recuerda que no necesitan nada, ni nadie más: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” 1 Juan 2:27-28

Este capítulo dos, fue cerrado con un verso que es vital para toda la estructura del argumento que Juan nos viene planteando, y que debe hacernos meditar en nuestras convicciones de fe cuando esas convicciones son probadas: “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él”  1 Juan 2:27-29

¿Tenemos esta convicción de que Él es justo?, pero, ¿Evidenciamos en nuestra cotidianidad apego a esa justicia? ¿Nos seduce más el pecado que nuestras convicciones de fe? ¿Nos seduce más el discurso de poder del predicador que el mensaje de la Palabra de Dios? ¿Estamos comprometidos con Su justicia?

Padre de la gloria, cédenos el discernimiento y el dominio propio para no caer en las garras de la seducción del engaño. Haznos recordar, constantemente, ese momento en que tu luz reveló nuestras miserias y sostennos en tu verdad, protegidos del engaño de tanto engañador que hoy pulula entre el púlpito y el mundo. Por amor de tu Nombre, afírmanos en tu verdad”

365 Meditaciones…87

Marzo 27

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