1 Juan 3:1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.”

Increíble cómo en cuatro frases Juan secciona la esencia de la historia misma de la redención en la obra de Jesucristo, la historia de nuestra vida de fe buscando la comunión con Dios, la lucha con el mundo de quien ha conocido a Cristo y vive en comunión con Él y la perdición de quien no conoce a Cristo o lo niega.

Primera frase: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, El amor derramado en la cruz es el clímax de la historia de la redención. La profundidad de esta simple frase nos lleva a la propiciación de Jesús en la cruz gloriosa del Calvario como justo pago y perdón que nos abre camino al Padre, para llegar a la comunión verdadera con Él, que es la esencia del llamado de Juan en esta carta. En Juan 3:16 está la referencia a este amor: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

¿Habrá un amor más grande que este? ¿Nos vale mejor nuestro amor por el pecado que el amor de Dios por nosotros, aún siendo cristianos?

Segunda frase: “para que seamos llamados hijos de Dios”, el privilegio que nos da el sacrificio de Jesús en la gloriosa cruz es ser llamados “hijos de Dios”, salvos al creer, por la gracia redentora derramada en el sacrificio del Hijo, que en su muerte y resurrección está el camino a la vida eterna prometida, donde la comunión perfecta con el Padre, será, finalmente. Hasta que el pecado deliberado los separa, no hay comunión, no hay relación más pura, estrecha y fuerte que la de padres e hijos. De nuevo, la comunión a que debemos aspirar con Dios es el lazo afectivo y de dependencia de un hijo con su padre. En Jesús, somos hijos de Dios. Sin Jesús, huérfanos desolados.

¿Vivimos como hijos de Dios? ¿Grita nuestra cotidianidad nuestra herencia en los cielos?

Tercera frase: “por esto el mundo no nos conoce”, El temor al rechazo es el peor enemigo de la fe. El desconocimiento, lejanía o rechazo del mundo, paradójicamente, es buen indicador para el corazón buscando una comunión verdadera con Dios. Jesús, por su mensaje en vida y obra, fue rechazado por el mundo. ¿Y a nosotros, nos aleja nuestro mensaje en vida y obra del mundo? O por el contrario, ¿es nuestro mensaje puente que estrecha nuestros lazos con el mundo alejándonos de Dios? La comunión con el mundo, donde el pecado es norma y la honra de Dios una peregrina idea inconveniente de la historia antigua, es la mejor forma de apagar nuestra comunión con Dios. Santiago 4, se hace lectura complementaria urgente a esta simple frase. Santiago 4:4 es lapidario en este sentido: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”

¿Cuánta es nuestra amistad con el mundo?

Cuarta frase:porque no le conoció a él, En el desconocimiento de Jesús está la esencia de la perdición del mundo y el rechazo hacia los valores que mueven al corazón cristiano. El rechazo y el desconocimiento del carácter cristiano, de la esperanza futura y de nuestro andar presente, viene por el desconocimiento de Cristo Jesús. La única forma de entrar en comunión con el Padre es por medio del conocimiento del Hijo. Es por esto que Juan repite y repite el conocimiento del Hijo en esta carta. No hay otra forma de llegar al Padre sino por medio del conocimiento del Hijo, por lo que todo camino donde ese conocimiento no sea esencia, es ruta a la perdición, la destrucción y aflicción eterna. El mismo amor que nos salvo, es el que habrá de salvar a los que hoy van camino al la perdición, y este pensamiento me lleva a Mateo 28:19 donde Jesús deja su última encomienda: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;”

¿Nos duelen los perdidos?

Padre perdónanos por no entender en lo cotidiano la dimensión de tu amor y la responsabilidad que nos toca en compartir el conocimiento de tu Hijo amado, Jesús. Perdónanos por amar más la aceptación del mundo que el rechazo por amor de tu Nombre. Fortalécenos en nuestra cotidianidad para levantar el estandarte de tu Hijo en todo tiempo y todo momento. Ayúdanos por amor de tu Nombre. Amén”

365 Meditaciones…88

Marzo 28

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