“1 Juan 3:7-8 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo

La severidad serena y práctica de Juan, llamando a cada cosa por su nombre en la advertencia de algo grave.

Uno de los elementos principales que usa el enemigo para relajar la noción de pecado, es la negación de su origen en la apología de la normalidad, la libertad de elección y el camuflaje de su esencia nociva y destructora, en las lisonjas del placer, el inmediatismo y la banalidad cotidiana.

Así las cosas, hoy más que nunca, vivimos en un mundo donde el concepto de la “tolerancia” es la absurda bandera de quienes, sin saberlo, sostienen los planes del diablo.

“El que no es conmigo, contra mí es”, nos dice Jesús en Mateo 12:30, es decir, o estamos o no estamos con Él. ¿Dónde estás tú?

Juan es la representación misma del amor práctico de un padre que no puede callar ante el peligro que corren sus hijos. Habla sin anestesias, ni medias tintas, como todo aquel que está comprometido con la causa de Dios, consciente de lo que está en juego cuando de la “práctica” del pecado se trata.

La ligereza con que tratemos el pecado evidencia la profundidad de la comunión que con Dios tenemos.  Las obras del maligno se hacen cotidianas en nuestra existencia cuando la realidad del Hijo de Dios queda oculta tras el velo de la comodidad en que damos rienda suelta a la práctica del  pecado.

Justicia y pecado son los extremos inevitables del péndulo en que nos moveremos por la vida mientras carguemos el corazón caído sin someterlo a la obediencia. Pero es en la Palabra, donde la gracia nos rescata y nos tira la cuerda donde asirnos cuando el peso de la carne hale nuestras debilidades en el vértigo, a veces irresistible, del pecado cotidiano.

Por pecar, todos caemos. Por practicar, recurrentemente, el pecado se pierde el norte de la esperanza en la gloriosa cruz del Calvario.

¿Cuánta práctica pecaminosa ejercemos en lo cotidiano? ¿Somos pecadores practicantes de la fe o falsos creyentes amantes de nuestro propio pecado?

365 Meditaciones…92

Marzo 31

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