“1 Juan 3:21-22 “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de élporque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él

La dimensión correcta de Su gracia sólo se entiende cuando vemos la dimensión de nuestra desobediencia. Confianza en Dios y obediencia a Dios, fuentes de paz, frutos de Su amor, porque Él nos amó primero.

Estos dos versos de Juan suponen un reto al discernimiento de la fe misma, porque quien se descuida leyéndolos literalmente, pudiera asumir, primero que no debemos poner ninguna diligencia en domar al corazón, porque Dios lo hará, y segundo, que nuestras peticiones y necesidades están por encima de la voluntad o los propósitos de Dios, porque cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él”

Santiago es lapidario en 4:3, en cuanto a nuestras peticiones en oración “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.

Las claves para entender que no cualquier cosa que pidiéramos recibiremos, está en el “porque” que Juan indica en el verso 22: “porque guardamos sus mandamientos”, a lo que cabe preguntarnos: ¿Guardamos realmente sus mandamientos, siempre?

Su voluntad y propósitos están por encima de nuestras necesidades, carencias y deseos. Recordemos que Juan nos viene hablando en este capítulo tres sobre el amor que los Hijos de Dios deberíamos ejercer. ¿Cómo anda la cotidianidad de nuestro amor por los hermanos? ¿Es nuestra oración amar como debemos?

La perfecta glorificación del nombre de Dios y la obediencia perfecta a Su voluntad, objetivos de la fe misma, se dieron en un solo evento en la más terrible de las circunstancias, cuando el Hijo cumplió la voluntad del padre, luego de vivir la vida perfecta de obediencia, que ni tú ni yo podemos vivir. Esa glorificación y esa obediencia completa, se dieron en la cruz del Calvario.

Honrar Su Nombre en medio de la carencia es la mejor muestra de fe que podemos dar. Saber que hay propósitos mejores en medio de la adversidad es muestra de la confianza a que Juan apela en el verso 21. Reconocer nuestra incapacidad de guardar, como debemos, sus mandamientos, es camino a la dependencia de la gracia que cubre la multitud de nuestros pecados y a la vida de arrepentimiento que nos hace conscientes del pecado o lo que es lo mismo, conscientes a la reprensión de corazón que Juan indica en el verso 21.

¿Nos reprende el corazón la voz del Espíritu? ¿Obedecemos esa voz? ¿Hasta dónde confiamos en Dios? ¿Justificamos nuestro pecado en la gracia que no falla? ¿Cuán obedientes somos en nuestra cotidianidad? ¿Glorifica el Nombre de Dios aquello que pedimos en oración? ¿Qué pides en oración?”

365 Meditaciones…97

Abril 6

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