“1 Juan 4: 4-6 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

No callar al espíritu de la verdad que conocemos, ni en fondo, ni en forma. Entre las cosas más difíciles que como cristianos debemos enfrentar, está el rechazo al elemento que marca nuestras diferencias con la mundanalidad: nuestra adhesión a Cristo Jesús.

Seguir a Jesús, por regla general, es garantía de rechazo. Es por ello que, probablemente, Juan inicia este pasaje con el término amoroso de “Hijitos” y a seguidas inicia una pequeña línea de motivación al indicar: vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo

Juan está, evidentemente, refiriéndose a las tendencias que corrían de los falsos profetas y maestros a los que él hace referencia en versos anteriores, y que estaban minando la esencia misma de la iglesia con falsas creencias alejadas de las enseñanzas dejadas por Jesús. Es un llamado a la firmeza en el Dios verdadero.

Quisiera traer los planteamientos de Juan en este pasaje a la realidad de la iglesia hoy. ¿Cuánto del mundo vemos en la cotidianidad de nuestras iglesias? ¿Cuánto “espíritu de error”, demasiado parecido al mundo, vemos en los procederes de feligreses y líderes de la iglesia local? ¿Cuánto “espíritu de error” domina la forma, estilo y consecuencias del liderazgo?

“Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye” son sordos al llamado de Dios, por eso no escuchan el llamado, no ven el testimonio y no entienden la forma de vida del cristiano.

Hay una trampa en medio del rechazo del mundo de los corazones caídos para los líderes ministeriales. Es una tenue línea gris que pone en juego el carácter del cristiano en general que, al pretender no sufrir el rechazo del grupo, busca “mezclarse” con el grupo. Buscan parecerse al grupo. Van hablando como el grupo, van vistiendo como el grupo y terminan viviendo como el grupo. Juan nos convida a la firmeza en el espíritu de verdad al que estamos llamados.

La integridad del cristiano no puede ponerse en juego por miedo al rechazo fruto de la inseguridad, que es evidencia de duda en el poder de ese espíritu de verdad al que estamos llamados usar.

Nosotros somos de Dios, nos recuerda Juan en el verso 6. Esa es la fuente de esperanza que rompe los miedos y nos sostiene en integridad ante Él, sin necesidad de ceder fondo y forma ante el grupo que nos rechaza.

El carácter del cristiano debe evocar a Cristo, nunca al espíritu de las formas del mundo, ni en forma, ni en moda, ni en expresión y mucho menos en fondo. ¿Pongo mi integridad en juego en la maleabilidad que uso para adecuarme al grupo que quiero alcanzar? ¿Cuánta firmeza y espíritu de verdad evidencia mi actitud camaleónica por miedo al rechazo de mi mensaje de vida cristiana? ¿Callo la verdad de Dios por miedo al rechazo? ¿Cuán firme estoy siendo?

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Abril 11

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