“1 Juan 4:7-8 “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”

La fe en Dios va más allá que el decir creer, es conocer a Dios y en ese conocimiento vivir la transformación que supone el nuevo nacimiento.

Saber es recordar a tiempo, me decía mi abuela, y la cotidianidad delata nuestra mala memoria. Recordar y actuar conforme al conocimiento que decimos tener de Dios en el momento justo de la circunstancia menos afectiva y más dolorosa, es saberlo.

En Lucas 23:34, un Jesús colgado en el madero y a punto de morir, nos deja una de las enseñanzas más difíciles para nosotros asumir de manera diligente en el momento en que amor se hace difícil: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ¿Pensamos así en el momento en que amar se hace imposible?

El amor con que vivimos y el amor manifestado en nuestras relaciones, es diligencia aprendida a raíz del conocimiento del amor de Dios. Al menos eso es lo que debe ser.

Saber que hemos sido objetos del amor más grande jamás expresado, debería tener la suficiente fuerza como para hacernos amar, al menos intencional y racionalmente, de la manera en que hemos sido amados. ¿Nos cuesta amar? ¿Es la expresión afectiva del amor verdadero diligencia que nos duele?

“Dios es amor”, es el título que la versión Reina-Valera da a estos pasajes de 1 Juan 4:7-21. Juan con esta carta está buscando el recordar a la iglesia que la esencia de la vida de fe es la comunión verdadera con el Dios verdadero, y mostrarnos las formas en cómo sí o no evidenciamos esa comunión verdadera con el Dios verdadero, siendo el amarle a Él y amarnos los unos a los otros mandamiento esencial de esa comunión verdadera, el creer en Dios esencia misma de la fe y el obedecer a Sus mandamientos la mejor evidencia de que le creemos y que le amamos, aún incapaces de lograr la obediencia perfecta..

Jesucristo como vínculo esencial y único para ejercer una verdadera comunión con Dios, queda igualmente definido a lo largo de esa carta. Como cristianos, el amor debe ser el rasgo que marque nuestro tiempo y nuestro andar de este lado de la gloria. Sospecho, santamente, si existe tal cosa, de un cristiano que no pueda expresar el amor genuino, en hecho y verdad al que Juan apela en 3:18 “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” ¿Es mi amor por los hermanos palabrería vana o genuino amor expresado en hecho y verdad? ¿Amo como Dios manda?

Ayúdanos Dios, que por nuestras fuerzas no podemos y gracias por la Gracia que cubre la multitud de nuestro pecado y desobediencia.

365 Meditaciones…103

Abril 12

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