“1 Juan 4:13-14 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

Gracias a Dios que la fe no depende de nosotros y que es la evidencia esencial para la esperanza con que andamos.

La certeza que Juan nos deja en estos dos versos, de que permanecemos en Él y Él en nosotros, se sostiene en que el saber que Él nos ha dado de Su Espíritu, es un hecho confirmado en nuestro testimonio permanente, de palabra, hechos y pensamientos, de que el Padre ha enviado al Hijo, el salvador del mundo.

La fe, testimonio de nuestra esperanza en el Hijo, el salvador del mundo, no nace de nosotros, es evidencia del Espíritu obrando en nosotros, moviendo  a la gracia a la acción para la gloria de Su Nombre.

Juan tiene el privilegio que nosotros no tenemos, él fue testigo ocular, “hemos visto”, dice, pero a todos los que hemos creído, sin verlo, nos queda la esperanza de saber que esa fe que vivimos es la evidencia misma de un don que no depende de nosotros, sino de Dios.

El pequeño gran Pablo en Efesios 2:8-10 nos dejó un pasaje que complementa perfectamente la realidad de no es de nosotros la evidencia del Espíritu testificando: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”

El mismo Pablo en el brevísimo verso 7 de 2 Corintios 5 nos deja un mensaje que igual debemos considerar al leer lo que Juan nos deja en este pasaje: “porque por fe andamos, no por vista”, ¿Andamos realmente por fe o por apariencias de piedad? ¿Mueve un amor real nuestro andar de fe?

La fe se hace moda y riesgo al que muchos corazones se asoman cuando el mover es la apariencia de piedad y no el amor por el salvador del mundo. Juan nos viene dando pautas y referencias de la medida de nuestra fe en función del amor  con que vivimos, porque Dios es amor y el amor es la mayor manifestación del Espíritu obrando.

Cada cual sabe lo que vive y cada cual sabrá, llegado el juicio, el valor de la fe o de la apariencia de piedad en que ha vivido.

El amor en acción es la medida de nuestra fe.

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” 1 Corintios 13:1-2

¿Evidenciamos el amor como forma del obrar de Su Espíritu?”

365 Meditaciones…106

Abril 15

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