“1 Juan 4:15 “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios”

Confesar que Jesús es el Hijo de Dios, es la clave y esencia misma de nuestra fe cotidiana, pero ¿es sólo decirlo? ¿Basta con creer?

“También los demonios creen, y tiemblan”, nos recuerda Santiago 2:19

Confesar, según los estudiosos del lenguaje original, viene del vocablo “homologos”, que refiere a una misma mente, de un mismo hablar. Refiere a un acuerdo.

Confesar, es reconocer y asumir en todo tiempo el mismo discurso de fe que Jesús levantó en su tiempo. Confesar, es anclar cuanto somos en la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios. Confesar, es asumir en todo tiempo las posiciones que estamos llamados a asumir según sus enseñanzas. Confesar, es no negar a Jesús en la forma en que vivimos. Confesar, queda evidenciado mas allá de las palabras que decimos, en la cotidianidad con que nos movemos por la vida.

¿Confiesa la manera en que vivimos que Jesús es Hijo de Dios, Señor y Salvador de nuestras vidas? ¿Evidencio el mismo pensar que Jesús en mis decisiones cotidianas? ¿Soy de testimonio de Su Señorío en mi vida? ¿Creemos como demonios, con temblores?

Padre ayúdanos a confesarte más allá de las palabras. Que nuestra forma de vivir, de ser, sea la mejor confesión de tu Señorío en nuestras vidas”

365 Meditaciones…107

Abril 16

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