“1 Juan 4: 16 “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él

El complemento de “creer y conocer” la manifestación del amor de Dios en lo que hizo el Hijo amado en la gloriosa cruz,  es “permanecer en ese conocimiento” por medio del amor en lo que somos, hacemos, decimos y pensamos

La batalla de la fe se da en la resistencia al amor de Dios.

El amor se hace acción para la gloria de Su Nombre y el bien de los hermanos, cuando tomamos la armadura de Dios para estar firmes en Él.  (Ver Efesios 6:13-18).  En ese hermoso pasaje de Efesios, el pequeño gran Pablo nos da la oración como la acción más urgente de la vida de fe. “velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;”, nos dice Pablo.

¿Es la oración por los demás parte de la cotidianidad de nuestro amor?

Confesar a Jesús (v. 15) es tener una misma mente, un mismo acuerdo con lo que Él ha dejado como  enseñanzas. Confesar a Jesús como Señor y Salvador es permanecer diligentemente en la emulación de Su inmenso amor en todo cuanto somos, porque como dice Juan el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”

La entrega de nuestro amor a los demás, en lo que hacemos, debe tener como aliados a Dios y al silencio.

¿En cuál amor permanecemos? ¿Uno en el que la gloria de nuestro nombre es exaltada o aquel en el que nosotros somos anulados y Su Nombre es exaltado? ¿Es el amor en nuestro obrar acto de fe  y humilde entrega o acto de orgullo y estridente anuncio?

El silencio, la humildad y la mansedumbre acompañaron el momento de la entrega absoluta de Su amor, camino a la cruz. ¿Es nuestro amor bocina estridente o silencio de entrega? Amar es nuestro gran reto de fe. ¿Amamos como Dios manda?

365 Meditaciones…108

Abril 17

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