“1 Juan 4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor

La confianza depositada en la certeza de Su infinito amor, inexplicable misericordia y abundante gracia no da cabida al temor, al afán y la duda.

Juan viene hablando del amor de Dios en nosotros y nosotros en Su amor, y de cómo esto debe manifestarse en la cotidianidad que nos toca. Aquí Juan apela a un sentimiento nocivo que entra en conflicto con el amor de Dios: el temor, el miedo.

El temor es la duda operando contra la certeza de que Él es refugio y fortaleza, Amo y Señor de tiempo y circunstancias.

El temor es la carne siendo usada por el maligno para anular la fuerza del Espíritu que nos recuerda  aquello que Dios revela en Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”

El temor es la duda pretendiendo hacernos olvidar que Él es Dios, que nuestras pruebas son argumentos de Su voluntad, para Él hacernos saber, al final de todo, que Él ha sido nuestro ayudador y sustentador, por el obrar de la diestra de Su justicia.

Los tiempos que nos tocan, a quienes profesamos la fe cristiana, son difíciles. Todo  está operando en nuestra contra y lo peor aún no llega.

Para ampliar la aplicación de este verso de Juan en cuanto al temor es, más que prudente, urgente, leer Mateo 10:16-33.

En estos pasaje Jesús advierte sobre lo que ha de venir a sus seguidores. Nos coloca en el extremo de nuestros peores temores y nos alienta en la actitud de confianza en que debemos permanecer, por causa del Evangelio.

¡Ojo!, no temer, no es un llamado a la imprudencia. El mismo Jesús aconseja en Mateo 10:16, que como seguidores suyos seamos “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.

Jesús en Mateo 10:31-33, es lapidario en cuanto a lo que el temor hace en el corazón del creyente: “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”

No temer es un acto de dependencia más que de valentía. Es la diligente búsqueda de su abrigo en medio de las circunstancias adversas. Es la certidumbre expresa de proclamar nuestra esperanza en Él aún en medio de la persecución. Es no claudicar a nuestros principios de fe aunque nos sea exigido hacerlo.

¿Cuánto temes? ¿Cuánto amas? ¿Cuánto dudas? ¿Cuánto callas?”

365 Meditaciones…110

Abril 19

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