“1 Juan 4:21 “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano

¡Ayúdanos Señor! Yo el primero, a veces…

La incondicionalidad de sus mandamientos, nos colocan, queramos o no,  ante el abismo de la desobediencia firmemente sostenidos con el arnés de nuestras dudas. Cuando amar como debemos es objeto de nuestras dudas, estamos dando un paso al frente en ese abismo.

Recordemos que Juan está hablando de hermanos en la fe, hermanos en Cristo.

El gran problema ante esta realidad es que desde la pecaminosa carnalidad que nos viste, buscamos las excusas suficientes para no amar como debemos, alegando entre otras cosas la “inamabilidad” de cierta gente, porque la verdad sea dicha, hay gente difícil.  Pero en esa actitud preferimos huir y callar antes que confrontar el pecado que nos hace repeler a ciertos hermanos.

No amar como debemos, suele ser un tema de la incapacidad de perdonar o las faltas de ganas de perdonar, que es lo mismo que aborrecer.

No amar al hermano suele ser un tema de los pecados individuales de las partes que colisionan y no permiten el desarrollo de ese amor al que estamos llamados desarrollar, entre hermanos.

Responder al pecado con la desobediencia de amar, es igual de pecaminoso.

Ante el orgullo, humildad. Ante la ira, paz. Ante la mentira, verdad. Ante la hipocresía, sinceridad. Ante la arrogancia, mansedumbre. Ante la frialdad, calor de un corazón rendido en obediencia al Dios que es amor.

Ante la sed que desgarra al otro en su pecado de orgullo, mentira, hipocresía, arrogancia o frialdad, no seamos esponja de vinagre caliente, seamos agua fresca recordando a Aquél que todo perdonó por conocer el amor al que estamos llamados.

Jesús nos deja un lineamiento claro en el tema de las relaciones y de cómo manejar las diferencias que quiebran relaciones cuando el pecado es la causa. En Mateo 18:15-17 nos deja bien definido el procedimiento a seguir: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”

¿Vivimos ese procedimiento o somos glotones de nuestras propias frustraciones construyendo rencores internos que nos impiden amar?”

365 Meditaciones…113

Abril 22

Advertisements