“1 Juan 4

A modo de colofón para al capítulo 4 de la Primera Carta de Juan.

Ante todo recordemos que el público al que Juan escribe esta carta, es la iglesia universal que ya va entrando a la tercera generación de creyentes.  Según los estudiosos, el documento data entre el año 85 y 90 de nuestra era, por lo que el planteamiento de la tercera generación es claro.

Juan está buscando reforzar la esencia misma de la fe cristiana, bombardeada en aquél momento por muchos falsos maestros que estaban tergiversando las enseñanzas de Cristo Jesús.

Pudiéramos resumir que el Apóstol, en este capítulo, trata dos grandes temas al buscar ese reforzamiento de los principios de la fe que nos viene dando desde el capítulo 1: La peligrosa naturaleza de las falsas enseñanzas, y las manifestaciones del verdadero amor de Dios evidenciado por medio del amor verdadero entre los hermanos.

1 Juan 4, si se quiere, es una advertencia contra la falsedad de la verdadera esencia del amor de Dios. Por un lado, la falsedad de la verdad del amor de Dios proviene de los falsos maestros enseñando doctrinas erradas que alejaban a los cristianos del primer siglo de Su verdad, de otra parte, la falta al amor de Dios manifestada en las relaciones defectuosas entre los hermanos en Cristo.

Juan hace un llamado constante en este capítulo a emular en nuestras relaciones entre hermanos, el amor del Padre revelado por medio de la entrega incondicional del Unigénito, Cristo Jesús, propiciación a nuestros pecados, ofrenda de amor absoluto, incondicional, incomprensible.

1 Juan 4, es advertencia severa a quienes decimos vivir la fe en Cristo.

Juan deja claramente establecido que en la pureza y fidelidad del amor que sostiene nuestras relaciones, construimos la comunión verdadera (1 Juan 1:3) que es el objeto de nuestra fe, que él como apóstol, tuvo con el Padre por medio del Hijo.

Esa misma comunión verdadera, nosotros podemos tener por medio del ejercicio obediente del mandamiento de amarnos los unos a los otros como Dios nos ha amado.

Amar es actitud diligente, sometida y liberadora que busca la honra del Padre por medio de lo que somos al emular Su amor sacrificial, incondicional, incomprensible…

Seamos diligentes en nuestro amor. Seamos precavidos en nuestro amor. Fijemos el norte en Él para que no haya tergiversación en nuestro intento de amar.

Amar en humildad y mansedumbre. Amar por dentro, desde el silencio de nuestras oraciones por aquellos a quienes decimos amar, por aquellos a quienes se nos hace difícil amar.

Amar orando, es el más puro de nuestros amores, porque al orar colocamos en dependencia de Dios el bien de Su voluntad para esos por quienes oramos y para nosotros mismos.

Ora ahora por esa persona que te es difícil de amar, pero que como tú y como yo, ha sido amado primero, por Dios…”

 365 Meditaciones…114

Abril 23

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