“1 Juan 5:6 “Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad

Juan, en la analogía del agua y la sangre en este verso, da testimonio de lo que él mismo fue testigo: del Salvador del mundo.

La analogía del agua y la sangre señala a la pureza de Cristo como aquel que limpia el pecado y a Su sacrificio como propiciación para nuestros pecados.

La analogía del agua y la sangre apunta a la regeneración que experimenta el creyente cuando Cristo enmienda los espacios rotos de su alma y cuando la sangre del sacrificio es reconocida como el vínculo que sostiene su relación con Dios.

Agua y sangre es poderosa analogía que Juan usa y que también evoca un momento esencial en el ministerio de Cristo, del cual Juan da testimonio en 19:34-35 de su evangelio: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”

La fe es don de Dios y el convencimiento que da el Espíritu de Dios al creyente le permite testimoniar sin temor y sin vergüenza.

Juan nos confronta en el testimonio de nuestra existencia misma: “Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad”

¿Evidencia nuestra vida el testimonio del Espíritu? ¿Dice nuestra forma de vivir que aquel que vino en sangre y agua rige nuestro andar? ¿Mueve el Espíritu de la verdad nuestro andar? ¿Cuánta verdad nos mueve?”

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Abril 27

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