1 Juan 5:1-2 “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Diosy todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos

Amar al hermano como debemos, es la prueba ácida de nuestras convicciones de fe. La obediencia en amar y guardar Sus mandamientos, es evidencia de que hemos creído en Dios y que hemos nacido de Dios.

El amor es el concreto con que se edifica la unidad de la iglesia.

La solvencia de nuestra fe se evidencia en el amor cierto por los hermanos en Cristo. La certeza de ese amor se cimienta en el testimonio de nuestro amor  y  obediencia a Dios,  fortaleciendo a los demás.

La salvación es del Señor y nuestra la responsabilidad de hacerlo saber en el testimonio de nuestro amor por  Dios siendo transferido a los demás.

El amor por los hermanos es el resultado inevitable de amar a Dios y guardar sus mandamientos. Lo opuesto es también cierto, quien no ama a Dios y no guarda sus mandamientos no podrá amar a los hermanos como se debe.

Juan está apelando al fortalecimiento del amor, con el amor y obediencia a Dios como motor y combustible, en las relaciones entre hermanos de una iglesia que está siendo bombardeada por los falsos maestros del primer siglo.

Pablo en Efesios 4:1-16, nos deja una enseñanza que ancla perfectamente con la idea de la unidad de iglesia en el amor por la verdad que es Cristo, ante las influencias de falsos maestros buscando engañar al pueblo de Dios. Al cierre de este pasaje, versos 15 y 16, Pablo expresa: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor

Sólo el amor por Dios puede mantener la iglesia unida, porque en ese amor no hay espacio para las excentricidades que el ego se permite en la separación, en la división.

Entendemos que amamos a Dios, pero, ¿Amamos al hermano? ¿Hemos crecido en el amor por los hermanos? ¿Cuánto amor cierto evidenciamos por los hermanos en Cristo? ¿Es amar al hermano parte de nuestra obediencia a Dios? ¿Es la manifestación del amor por los hermanos certeza de amor o pantalla socio-religiosa? ¿Divide nuestra falta de amor? ¿Somos entes de cohesión en la iglesia  o argumentos silentes de separación en nuestro ego?

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Abril 24

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