1 Juan 5:4-5 “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

Nuestra fe, galardón de nuestra victoria en la eternidad prometida en Cristo.

La banalidad del mundo viviendo el inmediatismo que la carne demanda, ve al corazón viviendo la fe puesta en Cristo, como cosa extraña, desfasada, intolerante, estúpida. Por eso, en los tiempos que nos tocan, vivir la fe es un acto de heroísmo.

El autor de Hebreos, nos recuerda lo inexplicable que vivimos: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)

La fe que sostiene los pasos del cristiano comprometido no teme, porque la certeza de su victoria en Cristo es mayor que lo pasajero del dolor en el rechazo de los impíos viviendo su propio camino a los infiernos.

La fe que sostiene las convicciones con que vive el cristiano comprometido es la esencia misma de la esperanza. Esa a la que nos aferramos y por la que luchamos, no importando consecuencias.

¡Gracias Dios por Cristo!, artífice de la esperanza que sostiene nuestro andar en el tiempo que nos toca.

¿Vivimos sostenidos en nuestra fe? ¿Hay algún momento de nuestra cotidianidad donde el mundo vence nuestra fe? ¿Cedemos a la banalidad traicionando al objeto de nuestra fe, Cristo? ¿Sostienen nuestros pasos la certeza de lo que esperamos y la convicción de lo que no vemos?

¡Sostennos Señor!”

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Abril 26

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