“1 Juan 5:3 “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”

Juan, el apóstol del amor, no nos da margen para especulaciones en un tema tan inexplicable como lo es el amor por Dios: sólo en guardar sus mandamientos podemos decir que le amamos.

No hay carga pesada en la obediencia a sus mandatos. Lo único que pesa es la carne que se niega a aceptar el “fácil yugo” y la “carga ligera” (Mateo 11:30) de Jesús, en la desobediencia.

En su evangelio, Capítulo 14 verso 21, Juan narra las palabras de Jesús cuando dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”

Cuanto del carácter de Cristo manifiesta nuestra cotidianidad, es resultado de cuánto de sus mandamientos guardamos en el silencio de esa cotidianidad. ¿Cuánto del carácter del Hijo se manifiesta en lo que somos? ¿Evidencian nuestras relaciones la relación del Hijo con Su pueblo?

Un detalle interesante deja Jesús en ese pasaje del evangelio de Juan: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda”… ¡y los guarda!, es decir vela por ellos, los conserva, los protege, está activamente en conocimiento del valor de esos mandamientos y los vive.

Conocer Sus mandamientos, no es vivirlos, y lo sabemos. ¿Nos es difícil cargar Su fácil yugo y llevar su ligera carga?

Así como Jesús nos indica el guardar Sus mandamientos como esencia de nuestro amor por Él, Juan nos llama a guardarlos como esencia de nuestro amor por la iglesia y manifestación de nuestro amor por los hermanos.

¿Somos “amadores” activos? ¿Vivimos el celo de guardar Sus mandamientos? ¿Es nuestra cotidianidad manifestación cierta de nuestro amor por Dios? ¿Trasciende mi obediencia a sus mandamientos al ámbito eclesial?”

365 Meditaciones…116

Abril 25

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