1 Juan 5:12 “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”

Simple y sencillo: Cristo o nada.

Vivir es la esencia de la vida, ¿correcto? , pero ¿cómo vivimos más allá del inmediatismo que el planteamiento supone?

La profundidad esencial de este verso separa al corazón de la fe de todo lo demás, porque la vida esencial por la que vivimos la fe está más allá, en el futuro prometido de una eternidad junto al Padre.

La esperanza que mueve la fe está en lo eterno, no en el limitado horizonte que la carne demanda y el mundo ofrece.

La palabra “vida” usada en este verso, es “zóé”, que implica no solo la vida sustentada por el limitado tiempo del latir del corazón físico, sino la vida espiritual, esa que el inmediatismo pretende ignorar y el modernismo pretende tergiversar.

La vida sustentada por Dios escapa al entendimiento del horizonte de lo físico para colocarnos en la dimensión espiritual. Dios sembró en el corazón del hombre un sentido de eternidad, que el hombre no entiende hasta tanto encuentra la razón de esa eternidad: Cristo.

Salomón, en Eclesiastés 3:11, nos recuerda esta realidad al sentido de eternidad del que somos portadores, por diseño de Dios: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”

El sentido de eternidad lo encontramos buscando en la obra de  Dios, revelada en Su Palabra.

Juan en su evangelio, verso 6 del capítulo 14, nos deja las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”

El misterio de las ansias de eternidad que mueve al hombre queda resuelto en la esperanza puesta en Cristo Jesús.

¿Vivimos la esperanza de una eternidad real en Cristo o la breve eternidad del bienestar presente distorsiona nuestra visión de lo eterno en Él?

Gracias Dios, por Cristo”

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Abril 30

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