“1 Juan 5:14-15 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”

Pedir cuanto queramos, pero según Su voluntad, no la nuestra.

Aceptar que la voluntad de Dios nos tiene donde estamos, debe ser motivo de esperanza, porque Su voluntad es buena, agradable y perfecta.

En medio del discurso por enfocar el corazón de la iglesia en la persona de Jesús, fuente de vida y único mediador entre Dios y el hombre, parecería que Juan hace una pausa y lanza lo que parece  un comentario al margen en estos versos. Sin embargo recordemos que Juan está preparando a la iglesia para responder de manera correcta a las influencias de los falsos maestros.

“que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”... ¿No parecen estos versos dirigidos al movimiento moderno que promueve el decláralo y  decrétalo que coloca a Dios como títere de nuestras veleidades, obligado a dar cuanto pidamos? ¿No parecen estos versos como dirigidos a aquellos falsos maestros, profetas y apóstoles a quienes la voluntad de Dios les vale un bledo, las bendiciones son mercancía que se vende al mejor postor y los milagros negocio rentable a sus cuentas bancarias?

Los falsos profetas siempre obvian la voluntad de Dios y tergiversan el mensaje de  misericordia y caridad para convertirlo en discurso de ventas de milagros imposibles, falsas prosperidades y falsas sanaciones actuadas para la pantalla chica que no pueden evidenciar en la realidad.

Juan apela a una realidad inevitable: la voluntad de Dios es la esencia de lo que necesitamos.

El corazón caído se hace presa fácil de las influencias del mundo, cuando la voluntad de Dios no es su norte y el ego manda en sus oraciones y devociones.

El pequeño gran Pablo en Romanos 12:2, refiriéndose a esta realidad nos dejó escrito: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, lo que nos deja claramente dicho que el entender la voluntad de Dios, agradable y perfecta, es consecuencia de un proceso de renovación que ha dejado al mundo atrás y enfocado la mirada en la fuente perfecta de todo el bien.

Jesús mejor que nadie sabía la voluntad de Dios. Al orar en Getsemaní, a pocas horas de su muerte, decía: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42)

¿Oramos para que sea la voluntad de Dios y no la nuestra? ¿Cómo oramos? ¿Pedimos conforme a nuestra conveniencia o conforme a Su voluntad? ¿Cuánta dependencia de Su voluntad, evidencian nuestras oraciones personales, privadas, silentes?

Ayúdanos Señor a amar tu voluntad en cada una de nuestras circunstancias. No permitas que en la fragilidad de nuestros corazones caigamos en el pernicioso juego de negociar contigo…”

365 Meditaciones…123

Mayo 2

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