3 Juan 1-4 “El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad

Leer a Juan es leer a un hombre verdaderamente convencido de que el amor, en la Verdad, es la única forma y fuente de gozo, satisfacción y esperanza.

Como la primera y segunda cartas, la tercera, es escrita hacia el mismo tiempo, alrededor del año 90. En esta ocasión la carta es claramente personal. Va dirigida a alguien en particular: Gayo. Alguien a quien Juan ama y admira por su fidelidad viviendo la verdad del evangelio.

La sabiduría que nos deja Juan en estos primeros versos de esta tercera carta, es de suma importancia para nuestro tiempo, en el que la iglesia es asediada por tanto farsante vendiendo prosperidad y poniendo precio a la esperanza ajena.

Juan, apóstol verdadero de Jesucristo, compañero tragando el polvo de los caminos con el Maestro, expresa su deseo de que este hombre amado por él sea “prosperado en todas las cosas, y que tengas salud”.

Juan no le envía un milagro en la misiva, Juan le expresa simplemente su deseo de que sea prosperado, evidentemente sustentado y sujeto a la voluntad de Dios. ¿Escribirían de gratis una expresión como esta los farsantes del evangelio de la prosperidad?

Juan desea dos cosas a Gayo, si se quiere palpables, materiales, en función de una que reconoce en él: este hombre ha crecido espiritualmente. “así como prospera tu alma”, escribe Juan. Con este planteamiento, Juan nos deja una gran lección y enseñanza: el crecimiento espiritual nada tiene que ver con la prosperidad exterior, carnal, material.

En segundo lugar, en estos primeros versos, Juan deja la expresión genuina del gozo de un padre, de un anciano en saber que sushijos –espirituales en este caso- andan en la verdad

No puede haber mayor gozo para un papá creyente, que el ver a sus hijos andando o luchando por andar en Sus caminos.

Finalmente, me llevo también de estos versos introductorios a la tercera carta, la hermosura de las expresiones afectivas de Juan.

Definitivamente Juan nos deja dos grandes verdades en esta introducción a su tercera carta: Que la adversidad de las circunstancias no puede ser óbice para detener el crecimiento espiritual y que el ver la semilla de Su Verdad germinar en nuestros seres amados es la mayor fuente de gozo, y debo agregar, de paz.

¿Vivimos ese gozo? ¿Entendemos en medio de la circunstancia adversa que debemos crecer espiritualmente? ¿Tenemos fe para esperar prosperidad o para experimentar el gozo de amor perfecto de Dios?

Ayúdame Señor a, como Juan, tener el gozo de ver tu Verdad germinar en los corazones amados. Cédeme la sabiduría para hacerlo para la honra de tu Nombre”

365 Meditaciones…133

Mayo 12

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