3 Juan 5-8 “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad”

La hospitalidad cristiana no es socialización conveniente. Es el amor en acción para con los hermanos, especialmente para con los desconocidos.

Como la segunda carta, la tercera es brevísima y puntual, pero nos deja una profundidad de enseñanza muy importante. Es una carta de exhortación y a la vez de reprimenda. Es una motivación especial por el buen trabajo de hospitalidad de Gayo para con los hermanos desconocidos.

Tercera de Juan, si se quiere, es la apología de la hospitalidad tal como estamos llamados a ejercerla. Es un parámetro exquisito para el liderazgo de la iglesia en el reconocimiento de aquellos que sirven por amor y se entregan por amor al servicio del Señor.

Juan alaba la entrega de Gayo en el servicio a los hermanos, “especialmente a los desconocidos”. ¿Nos felicitaría Juan por nuestro servicio y entrega con los desconocidos? ¿Es nuestra entrega igual para con los desconocidos como para con los conocidos?

La alabanza de Juan para Gayo se basa en el ejercicio de amor que supone la hospitalidad, para con los hermanos que por amor salían a servir al Señor por medio del Evangelio.

La hospitalidad es evidencia de un amor incondicional operando en el corazón que se derrama en servicio sin esperar nada a cambio.

Pedir que Dios nos de un corazón “Gayano”, debe ser motivo especial en nuestras oraciones.

¿Somos hospitalarios? ¿Nos cuesta recibir hermanos? ¿Es nuestra hospitalidad para con los desconocidos o para con los famosos? ¿Somos convenientemente hospitalarios?”

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Mayo 13

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