Judas 5-7Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.”

Dios castiga a los traidores. Es en resumen la advertencia de Judas a aquellos falsos maestros socavando la iglesia con sus falsas doctrinas.

Judas hace un llamado a los creyentes, que conocían la historia del pueblo de Israel, en cuanto a la severidad del celo de Dios con relación a Su comunión con Su pueblo, y cómo  condenó a aquellos, que luego de haber conocido el obrar de Su poder, decidieron actuar en descreimiento, dando la espalda al poder conocido de Dios y asumiendo el pecado como norma de vida.

Un pueblo que vio el mar abrirse duda al tiempo del poder de Aquel que lo abrió. ¿Qué podemos esperar hoy?

El océano que separa el saber del creer es de fuego ardiente y huele a azufre. No es lo mismo saber, que creer.  Y no es lo mismo creer que tener fe. “también los demonios creen y tiemblan”, nos recuerda Santiago 2:19.

Judas, con este recordatorio que va a las Antiguas Escrituras, está haciendo un paralelo entre aquellos que creyeron en Cristo como Señor y Salvador y aquellos quienes habiendo conocido las evidencias de Su poder decidieron darle la espalda por ir tras falsas doctrinas que anulan a Jesús y transgreden la santidad de la Palabra.

Terrible es la advertencia de Judas para con aquellos falsos maestros que se infiltraron en la iglesia para erosionar lo que ese pueblo ya conocía: El pueblo que pereció en el desierto, los Ángeles destituidos y las consecuencias del fuego sobre Sodoma y Gomorra.

El celo de Dios por Su iglesia y Su pueblo, es grande.

Es por ello que las desviaciones terribles que hoy vemos, podemos entender que traerán terribles consecuencias. “Iglesias” de reverendos homosexuales, falsos maestros haciendo dinero a costas de la esperanza de los incautos, el pecado de una minoría sometiendo al corazón mismo de la fe bajo leyes de hombres que transgreden la santidad de Dios.

Si no se dio cuenta, vivimos el tiempo de Isaías 5:20-21: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!”

La salvación no se pierde y el pecado nos iguala. Parece una contradicción en términos, sin embargo es uno de los grandes misterios que sólo la certeza de la fe en la gracia salvadora, permite vivir.

El mensaje de Judas es vigente hoy como en aquellos días. Defender la gracia del libertinaje y el nombre de Jesús como Dios encarnado son los elementos de la lucha que deben colocarnos en la trinchera donde se defiende la fe en sus elementos esenciales.

¿Cuán firme es nuestra posición en las verdades esenciales de la fe cristiana? ¿Vivimos el celo de nuestra relación con Dios o somos creyentes circunstanciales, maleables y tolerantes ante lo mal hecho, ante la mala enseñanza?

365 Meditaciones…141

Mayo 20

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