Judas 12-16 “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho”

Santa rabia o el terrible inventario de la descalificación.

La reformulación de los planteamientos, casi que poéticos de Judas, (por el uso de estas terriblemente hermosas metáforas) sobre los falsos maestros nos deja con la idea, en lenguaje llano y contemporáneo, de que son: Usurpadores de la gracia adulando incautos para su beneficio personal. Vacíos sinvergüenzas que no saben que están muertos, andando en la oscuridad de sus propios criterios, vociferando en su discurso irreverente la indignidad de sus valores que mucho tienen de egocentrismo y nada de sometimiento a la soberanía de Dios. Cadáveres vivientes esperando un juicio que ya fue.

En tanto creyentes, debemos huir de los discursos de poder.En tanto creyentes, debemos tener claro la santidad de Dios y el sometimiento a la soberanía y voluntad de Dios como esencia de nuestra fe.

¿Antecede la voluntad de Dios al discurso de tu líder? ¿Es el sometimiento a la voluntad de Dios esencia del discurso devocional de tu iglesia? ¿Se en tu iglesia la desgracia como castigo o como el obrar de la voluntad de Dios para moldear el carácter de Su pueblo?

Ningún discurso salido del púlpito o la garganta de cualquier hombre es válido, cuando la soberanía de Dios es elemento ausente o un simple decorado para el poder personal del corazón que habla.

Huya de los profetas, huya de los neo apóstoles, huya de los milagreros que ponen precio a su esperanza y que cotizan sus oraciones al mejor postor en programas y maratónicas de radio y televisión. Huya de aquellos que marcan líneas ficticias en el suelo sobre las que nadie cruza por el “poder” que de ellos emana. Huya de aquellos que tiran la biblia en el suelo en señal irreverente de un poder inexistente. Abra los ojos y vea las señales de estos farsantes del poder.

Libra Señor y preserva a tu iglesia, la que te honra en verdad, en justicia y misericordia”

365 Meditaciones…144

Mayo 23

Advertisements