Judas 2:20-21 “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna

La profundidad de estos dos versos define en mucho el estado de nuestra relación con Dios.

Judas hace una exhortación afectiva, breve pero profunda, que marca una raya entre aquellos falsos maestros y sus cortes de seguidores engañados, y quienes buscan mantenerse firmes en las enseñanzas doctrinales que garantizan la cercanía del corazón del hombre con el corazón de Dios a través de Jesús.

Judas nos hace un llamado, a la esperanza de esperar la misericordia por medio de Cristo. Nos llama al desarrollo de la relación segura que, en diligencia de fe, debemos desarrollar.

Estos versos nos desnudan en la esencia misma de nuestra vida de fe cotidiana y que deberían hacernos cuestionar nuestra realidad del día a día.

¿Somos diligentes en edificarnos sobre una fe santísima? ¿Cuán santísima es la cotidianidad de mi fe? ¿Son nuestras oraciones derramadas en el Espíritu Santo? ¿Cuánto de discurso programado o de esencia espiritual tienen nuestras oraciones? ¿Cuánto amor de Dios colocamos en la diligencia de nuestra realidad cotidiana? ¿Es el amor de Dios elemento racional que buscamos vivir diariamente? ¿Es la misericordia de Jesucristo motor de nuestra espera esperanzada de vida eterna? ¿Es la vida eterna realidad que vivimos y esperamos, ciertamente?

Padre llena los vacíos de nuestro ser que suelen ser ocupados por esperanzas absurdas dictadas por la carne. Permite que la misericordia de tu Hijo Amado, sea el motor que mueva nuestras esperanzas en una realidad que evidencia la espera cierta de la promesa de vida eterna. En tu Hijo…Amén”

365 Meditaciones…146

Mayo 25

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