Judas 24-25 “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”

Gloriosa exaltación de Dios en la despedida de esta corta epístola.

Sólo quien reconoce las verdades planteadas por Judas en este cierre, puede sentir lo sobrecogedor de sus planteamientos. Los versos 24 y 25 son la declaración de absoluta dependencia de un corazón ante el único y sabio Dios del universo.

Judas, escribiendo a una iglesia siendo bombardeada por falsos maestros, cierre su carta de una manera apoteósica, brillante, magnánima. El cierre es para no dejar duda sobre dónde y en quién está la verdad de la salvación.

Sólo Cristo puede sostenernos en la caída propia de nuestro engañoso corazón. Sólo en Cristo podemos ser vistos por Dios, limpios y sin manchas. Sólo delante de Cristo el gozo cierto de la alegría hemos de vivir. Sólo a Cristo, salvador, único y sabio Dios, es la gloria, majestad, imperio y potencia, por siempre y para siempre.

¿Vivimos, en lo cotidiano, eso que Judas plantea? ¿Es Jesús motivo cotidiano de nuestra exaltación? ¿Dependemos de Dios tal como Judas plantea?

365 Meditaciones…148

Mayo 27

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