Judas 22-23 “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne

“Id y haced discípulos”, nos dejó Jesús encomendado en Mateo 18:29. La predicación de la Palabra de Dios como esencia del compromiso mismo de nuestra fe, en Jesús, queda validada en estos versos de Judas, pero ojo que “La salvación es de Jehová;” Salmos 3:8, no nuestra.

Tres actitudes nos deja Judas en estos versos, que parecerían, para quien pierde el foco en Jesús, ser contradictorias con el planteamiento de David en ese verso del Salmo 3. Sin embargo, el convencimiento mismo del Espíritu, para quien lleva el Espíritu morando en sí, esclarece todo velo de duda: es sólo el poder de la palabra que convence y salva, y es en el poder del Espíritu donde esa misericordia temerosa entra en acción al ver a aquellos aborrecibles.

Estos dos versos son secuencia de los versos anteriores, para aplicación práctica de nuestra fe con los demás y, de algún modo, es un llamado a la auto preservación en medio del caos de una iglesia siendo dividida por falsos maestros.

Recordemos que el contexto de este documento de Judas, es el de la iglesia cercana al año 70 de nuestra era. Una iglesia que estaba siendo asediada por falsos maestros tergiversando la doctrina de Cristo. Judas nos instruye sobre qué hacer y nos deja claro las posiciones que encontraremos cuando de predicar el Evangelio se trata: los que dudan y a quienes debemos convencer; los perdidos a quienes debemos “salvar” (por el poder de la Palabra) y aquellos de quienes debemos apartarnos sin abandonarlos y con quienes debemos tener preciso cuidado, “aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne”.

Hay una enseñanza clave que nos deja Judas en estos versos que está justo en lo referente a aquellos a aborrecer, y es la prevalencia de la misericordia. Si aplica en estos casos aborrecibles, ¿Cómo no prevalecería en todos lo demás casos?

Judas en este verso que llama al aborrecimiento, contrario a lo que pudieran pensarse, está llamando a un cuidado y esfuerzo especial por la salvación de esas almas perdidas. Es una metáfora para entender cómo el pecado ajeno puede manchar nuestra propia historia. Por ello la idea de la auto preservación en el ejercicio del evangelismo, hace sentido.

Si el odio fuese la instrucción para con los “aborrecibles”, entonces la historia del pequeño gran Pablo no hubiese sido. La misericordia de Jesús intercepto a un asesino de cristianos ¿Quién puede ser más aborrecible?

No es abandonar y odiar al pecador irredento. Es ejercer la misericordia temerosa con aquellos que en su pecado agresivo, flagrante y evidente nos resultan casi casos irremediables, insalvables.

Ejercer la misericordia es barómetro de nuestras convicciones de fe.

¿Es la misericordia para con los perdidos esencia de nuestra cotidianidad? ¿Somos cuidadosamente diligentes en nuestras relaciones cotidianas cuando de pecado ajeno se trata?”

365 Meditaciones…147

Mayo 26

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