“Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah”

Salmo 46:1-3

Un canto a la esperanza.

La convicción de esperanza que debemos vivir como creyentes queda plasmada en estos tres versos introductorios al Salmo 46. El o los salmistas que escribieron este salmo, definen el patrón de la espera que como creyentes debemos asumir en medio de la circunstancia adversa.

El verso uno define el origen de esa certeza esperanzada, Dios, en medio de las circunstancias que se describen a lo largo del Salmo.

En el verso dos, nos plantean la actitud que debemos asumir en medio de esas circunstancias: “no temeremos”, lo que nos lleva a la esencia misma que mueve la intención del Salmo que es la dependencia en alguien que va más allá de nuestra comprensión misma: Dios y su amor incondicional, que es la esencia de sí mismo. ¿Vivimos en ese amor?

Juan, Apóstol del Señor en su Primera Carta, verso 4:18, nos indica lo que apunta ese planteamiento del Salmo 46: En el amor no hay temorsino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (Ver Meditación 110 para abundar sobre este verso)

Paralelo interesante entre Salmo 46:2 y 1 Juan 4.

Juan en esa Primera Carta está escribiendo a una iglesia asediada por las peores circunstancias, tan graves o peores que las planteadas en el Salmo 46, de un lado por la naturaleza filosofar que suponen los falsos maestros y de otra parte por la persecución que la iglesia recibía, y llega, en el capítulo 4 a conclusión similar: “En el amor no hay temor”

La intención de ambos textos es recordarnos que Dios y su amor incondicional, ha de ser la fuente de nuestra esperanza en toda circunstancia, no sólo en las peores, si no en la mejor de las circunstancias que es cuando se manifiesta nuestra dependencia real de Dios, allí donde vamos en la cresta de la ola, donde nada falta y donde todo anda bien.

¿Vivimos esa esperanza del amor de Dios que echa fuera el temor? ¿Es Dios nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones? Pero, ¿Es Dios nuestro refugio y fortaleza, nuestra fuente de gozo en la abundancia, la paz y la circunstancia conveniente? ¿Somos selectivos a la hora de depender de Dios?”

365 Meditaciones…150

Mayo 29

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