Proverbios

Y luego de varias semanas de un receso necesario, hablemos de Salomón y sus Proverbios.

El libro de Proverbios fue escrito por el Rey Salomón, hijo de David.

Salomón es un referente importantísimo dentro de la Palabra de Dios, no sólo por la autoría de al menos tres de los libros que la componen (Proverbios, Eclesiastés y Cantares), sino por la esencia misma de su testimonio a través de sus textos.

La particularidad de Salomón como personaje histórico del pueblo de Israel comienza a definirse en 1 de Reyes 3, cuando Salomón, ungido como rey y en presencia de Dios en medio de un sueño, pide sabiduría para guiar a Su pueblo.

1 Reyes 3:7-12 “Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.

Este pasaje de 1 Reyes 3, define la esencia misma de un corazón comprometido con el corazón y propósitos de Dios.

El verso 7, que inicia el pasaje, evidencia el carácter humilde a que como creyentes estamos llamados al reconocer: primero, a Jehová Dios como su Dios, segundo, que Dios define nuestras circunstancias y el lugar donde estamos, tercero, al reconocerse como siervo ejerciendo de rey y cuarto, al reconocerse inexperto y dependiente de Jehová su Dios.

Salomón fue llamado a ser rey de Israel y muestra esta dependencia de Dios, ¿qué evidencia nuestra cotidianidad desde nuestros puestos laborales de primera, segunda o tercera categoría? ¿Qué evidencia nuestra cotidianidad desde nuestros puestos de liderazgo, sea cual sea el contexto? ¿Somos humildes o somos evidencia de egoísmo, soberbia e independencia?

Es interesante el planteamiento de Dios para con Salomón, lo premia por lo que no pidió, esto lo vemos en el verso 11: “Porque has demandado esto (sabiduría), y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos,”

El pedido de Salomón agradó a Dios en gran manera por la falta de egoísmo en su pedido, a tal punto que Dios le da la seguridad de que he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.”

Pedir por sabiduría para honrar los propósitos de Dios, de manera honesta, humilde y consciente, puede ser la mejor oración que como creyentes podamos hacer, porque a fin de cuentas, la sabiduría sometida a los propósitos de Dios es la única que nos puede abrir caminos de felicidad cierta en la certezas de sus promesas, aún cuando las circunstancias no sean las más convenientes.

Pedir correctamente es poner en nuestras oraciones la honra de los propósitos de Dios, antes que la satisfacción de nuestras necesidades.

Salomón nos lo hará saber en sus Proverbios.

¿Pedimos a Dios sabiamente? ¿Qué evidencian nuestras oraciones cotidianas? “

365 Meditaciones…153

Junio 1

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