A un año y días, retomo el Proyecto 365. Líbrame Señor de mí mismo y si te place, usa este intento de escribir para estudiar tu Palabra, para la gloria de tu Nombre y no la mía.

Julio 10, 2017

 “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar,

No consientas

Proverbios 1:10

Enseñar a discernir el pecado dentro de la normalidad trastornada del mundo caído, es el gran reto que todo padre, de fe consagrada, tiene para con sus hijos en cuanto a formación de carácter en la siembra de la fe por medio de la Palabra.

Aun cuando Proverbios 1:10-21, es una secuencia particular referente al crimen de sangre, común a ese tiempo, en el que, desde el pecado y la codicia, se mataba para robar de forma común, (¿algún parecido a nuestro tiempo en que por un celular acaban una vida?), no es equivocado extrapolar el consejo en este verso 10 al pecado en general.

“No consientas”, indica tajantemente Salomón en este verso. Pero, ¿Cómo puede entender el hijo el engaño del pecado del que le advierte su padre? La compleja estructura de la siembra inmisericorde de los anti-valores contra los fundamentos cristianos, en medio del veloz caos con que los despropósitos de los malos nos envuelven, es el primer escollo que todo padre, cuya fe esta puesta en la Verdad de Cristo, debe sortear.

La codicia como fuente del pecado de sangre que alude el pasaje queda establecida en el verso 19: “Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia,

La cual quita la vida de sus poseedores”

La codicia, el amor al dinero, es la fuente de todos los males, tal como  Pablo, el pequeño gran Pablo, urge a Timoteo, en 1 Timoteo 6:9-11 (9-11 código internacional para las emergencias, ¡No es coincidencia!) sobre el amor al dinero y la codicia: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

1 Timoteo 6:9-11

“No consientas”, dice Salomón. “Huye”, dice Pablo. La urgencia que el consejo sugiere dimensiona el riesgo que supone el pecado del amor al dinero.

En esta generación de la gratificación instantánea, de la híper-conectividad virtual, de la urgencia por tener la eternidad en lo pasajero; la necesidad vital de que los padres entendamos este principio de “la raíz de todos los males”, es un grito desgarrador que debemos escuchar, por amor de nuestros hijos, para la honra de Dios.

Desde nuestra cotidianidad, como padres, sin importar status social y haber financiero: ¿Estamos formando el carácter de nuestros hijos para huir de la codicia, la vanidad y el amor por el dinero? ¿Es nuestro patrón cotidiano de superficialidad en los gastos coincidente con el carácter humilde de Cristo? ¿Estamos formando con nuestro ejemplo hijos que aman el dinero, la superficialidad, la codicia y el pecado consecuente? ¿Les estamos enseñando a decir “no” al pecado? ¿Estamos diligentemente cultivando en nuestros hijos: justicia, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre?

Líbranos Señor de nosotros mismos y fortalécenos por el poder de tu Espíritu para poder criar hijos sabios que te amen a ti y no dobleguen sus rodillas a la raíz de todos los males.

365 Meditaciones…157

Julio 10, 2017

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