Si dijeren: Ven con nosotros;

Pongamos asechanzas para derramar sangre,

Acechemos sin motivo al inocente;

Los tragaremos vivos como el Seol,

Y enteros, como los que caen en un abismo;

Hallaremos riquezas de toda clase,

Llenaremos nuestras casas de despojos;

Echa tu suerte entre nosotros;

Tengamos todos una bolsa.

Hijo mío, no andes en camino con ellos.”

Proverbios 1:11-15

En la corta satisfacción pasajera del inmediato tener, del sentir y del placer, los hijos, y nosotros mismos, perdemos la esperanza eterna en sus promesas. El corazón del hombre se debate en las elecciones del inmediatismo que busca diluir, en la satisfacción exprés, la honra del Dios eterno, en el obrar cotidiano.

Salomón continua su consejo en estos versos, describiendo el crimen de sangre por dinero y la forma de operar de estos grupos delincuenciales de su tiempo, y de cómo proponen al incauto la satisfacción del tener por las vías de lo mal hecho, por el doloroso camino del pecado.

La propuesta de satisfacción por medio del pecado sigue siendo la misma hoy, y el elemento esencial en torno al que gira esta propuesta es el mismo: el poder del dinero y la riqueza. “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, advierte el pequeño gran Pablo en 1 Timoteo 6:10

El corazón del hombre es el mismo, ayer, hoy y siempre. Nos toca el reto, como padres, de modificar las motivaciones que mueven el corazón de nuestros hijos, por medio de la instrucción en la Palabra de Dios.

¿Si en el tiempo de Salomón (tiempo de a pies, de camellos, burros y carretas) la influencia de los malos en el corazón de los hijos era tan terrible que motivo el consejo de Dios, no representa peor amenaza el bombardeo mediático al que está sometido el corazón de nuestros hijos en esta era de la híper- conectividad cibernética? ¿Qué estamos haciendo para proteger el corazón de nuestros hijos en este tiempo en que el pecado viaja a la velocidad de la luz?

Extrapolar estos versos a la realidad que viven los hijos de la marginalidad no es errado. El mal que azota nuestro tiempo en la delincuencia rampante que mata y roba sin pena alguna, solo evidencia la ausencia del consejo de Dios en el corazón del hombre y la insatisfacción inevitable que esta ausencia genera.

Extrapolar estos versos a la realidad que viven los hijos de la comodidad no es errado. El mal que azota nuestro tiempo en la depravación rampante que diluye valores en la pornografía, la vanidad y la arrogancia, sin rubor alguno, solo evidencia la ausencia del consejo de Dios en el corazón del hombre y la insatisfacción inevitable que esta ausencia genera.

“Hijo mío, no andes en camino con ellos”, es el consejo de Salomón en el verso 15 luego de las descripciones de los versos 10 al 14.

¿Estamos siendo diligentes para saber con quienes andan nuestros hijos? ¿En el colegio, en el club, en la calle, en el mall, en la computadora? ¿Sabemos la vida cibernética de nuestros muchachos? ¿En nuestra cotidianidad, que estamos sembrando en el corazón de nuestros hijos con nuestra actitud hacia y con el dinero? ¿Somos nosotros mismos presos del amor por el dinero?

Padre perdona nuestra ineficiente administración del corazón de nuestros hijos. Abre nuestros ojos a aquellas áreas en que estamos ciegos en nuestro propio pecado y con las que estamos haciendo daño a nuestros hijos. Concédenos el valor y la sabiduría para enfrentar el pecado en nuestros propios hogares. En el nombre de tu hijo Jesús, le pido.

365 Meditaciones…158

Julio 11, 2017

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