“Por cuanto aborrecieron la sabiduría,
Y no escogieron el temor de Jehová,

30 Ni quisieron mi consejo,
Y menospreciaron toda reprensión mía,

31 Comerán del fruto de su camino,
Y serán hastiados de sus propios consejos.

32 Porque el desvío de los ignorantes los matará,
Y la prosperidad de los necios los echará a perder;

33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente
Y vivirá tranquilo, sin temor del mal”

Proverbios 1 es preciso para el tiempo de arrogancia pseudo-intelectual que vivimos, en el que la sabiduría del hombre pretende retorcer la lógica misma del diseño de Dios en la naturaleza, por decir en temas tan irrebatibles como el género, por mencionar un tópico.

Ni hablar cuando de temas morales se trate.

Quizás como nunca, tal vez y sin tal vez, por la velocidad de los medios electrónicos y el ciberespacio, la humanidad ha enfrentado tan abiertamente a Dios y rechazado tan incisivamente Su sabiduría.  Vivimos un tiempo en que la idolatría de la sabiduría de uno mismo ha cobrado proporciones descomunales, llevando la noción del temor de Dios a un simple decir.

La jactancia de los sabios modernos surfeando sobre las olas del postmodernismo que desnaturaliza la humanidad es ciertamente risible.

Por amor del pecado, en nuestro tiempo y como nunca, los niveles de oposición a la sabiduría de Dios alcanzan límites no vistos. Pero aún queda esperanza, porque, así como el pecado viaja rápido y lejos, también lo hacen las buenas nuevas del Evangelio. Sobre las mismas ondas invisibles dominando el ciberespacio viajan el bien y el mal.

Y aunque veamos sorprendidos el avance de los malos en prosperidades absurdas viviendo de espaldas a Dios, hemos de vivir confiados y tranquilos, como bien indica Salomón en el verso 33, porque hemos oído y hemos temido al Señor, y porque en el convencimiento de Su consejo, sabemos que el desvío de los ignorantes tiene su paga y la reserva temerosa de quien teme a Dios también.

La esperanza de quienes creemos en el único y sabio Dios, no se satisface en recompensas pasajeras de este lado de la gloria. La esperanza de quien cree y teme a Dios está en la vida eterna, y eso nos basta. 

¿Cómo se hacen los que no creen?

Cabe preguntarnos ante los planteamientos de Salomón en estos versos y a modo de revisión de nuestro proceder cotidiano como creyentes: ¿Hemos aborrecido la sabiduría de Dios? ¿Amamos en lo cotidiano el consejo de Dios? ¿Queremos Su consejo? ¿Lo vivimos? En el medio del tiempo que nos toca ¿Cuán cerca estamos y actuamos de la falsa sabiduría que niega a Dios en lo cotidiano? Si estamos en prosperidad, ¿es una prosperidad adquirida sabiamente? ¿De cuánto pecado se compone tu abundancia? ¿Evidencia nuestra abundancia necedad o sabiduría? ¿Evidencian nuestros temores cotidianos, la tranquilidad y la confianza del que oye a Dios?

Padre abre nuestros oídos al entendimiento de tu verdad, y que nuestra cotidianidad sea reflejo cierto de un entendimiento profundo de ti. En el nombre de Jesús, oro.

365 Meditaciones…162

Julio 15, 2017

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