Hijo mío, si recibieres mis palabras,
Y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría;
Si inclinares tu corazón a la
prudencia,

Si clamares a la inteligencia,
Y a la
prudencia dieres tu voz;

Si como a la plata la buscares,
Y la escudriñares como a tesoros,

Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios

Porque Jehová da la sabiduría,
Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

Proverbios 2:1-6

La diligencia de procurar el conocimiento de la sabiduría de Dios, guarda al corazón del hombre de los caminos del mal.

La sabiduría a que estamos llamados, busca conocer a Dios de manera diligente y deliberada. Proverbios 2 es la exhortación misma a esta diligencia deliberada, en la confianza de que Dios proveerá la guía al camino de su sabiduría.

El corazón del padre amoroso se derrama en Proverbios 2 en las palabras de Salomón exhortando al hijo a buscar la sabiduría por medio de su consejo.

En este pasaje (v.1-6), Salomón nos presenta una promesa y las condicionantes para tener el beneficio de ella. Los versos 2 al 4, nos describen la urgencia diligente con que debemos buscar la sabiduría de Dios.

No es simplemente escuchando atentamente e inclinando el corazón (v. 2), es clamando. No es simplemente escuchando, orando, clamando, es dando nuestra voz a la prudencia (v. 3).

Entregar nuestra voz a la prudencia en el consejo de Dios, es la aplicación práctica de la sabiduría de Dios en nuestra cotidianidad.

El verso 4 nos da una idea de la actitud práctica que debemos tener al buscar la sabiduría de Dios: como quien busca plata, como el que escudriña un tesoro. Salomón emplea el paralelo de intencionalidad errada del que busca plata y tesoros, con la actitud apasionada, aguerrida y deliberada de quien busca sabiduría por medio del consejo de Dios.

¿Recuerdas de niño el momento de recibir un regalo? ¿Recuerdas el fuego de la pasión diligente por desenvolverlo y descubrir que hay bajo la envoltura? ¿O recuerdas el juego de encontrar el tesoro escondido? Esa es la actitud que debemos tener cuando de la búsqueda del conocimiento del consejo de Dios se trata.

El temor de Dios es el fruto esencial del conocimiento de Su sabiduría. A partir del temor vienen la sumisión y la sujeción del corazón del hombre al consejo de Dios. Tal como nos dice Salomón en Proverbios 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”

Dios da pasión por Su sabiduría a quien la busca con pasión y urgencia diligente dependiendo de Él. Dios da pasión por Su sabiduría, a quien de manera práctica y diligente busca aplicarla en lo cotidiano, aun a pesar de sí mismo y del pecado que nos mueve en dirección opuesta al consejo de Dios.

En este punto se me hace necesario recordarme que: La diligencia cierta es dependiente de los atributos y regalos de Dios. No de mi esfuerzo. Que la diligencia sin fe es mera disciplina. La diligencia sin oración en el Espíritu es esfuerzo propio. La diligencia fuera del amor de Dios es autocomplacencia egoísta. La diligencia en la misericordia sin la persona de Jesús como medio para hacerla, es auto-promoción, aunque se haga en silencio.

¿Cuán sana es nuestra diligencia de fe? ¿Cuán dependiente de Dios y sus promesas? ¿Estamos buscando la sabiduría de Dios o somos meros visitantes dominicales de “templos sociales”?

Ayúdanos Señor a amar tu temor y a buscar con pasión de tu sabiduría.

365 Meditaciones…163

Julio 16, 2017

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