Hijo mío, no te olvides de mi ley,
    Y tu corazón guarde mis mandamientos;

Porque largura de días y años de vida
Y paz te aumentarán.

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón;

Y hallarás gracia y buena opinión
Ante los ojos de Dios y de los hombres

Proverbios 3:1-4

Dos promesas extraordinarias, cinco consejos retadores para nuestra cotidianidad.

Al olvido remitimos los principios de Dios, cuando los apetitos de la carne son más fuertes que el recurso de sus promesas.

Proverbios 3, es la continuación del discurso que Salomón viene desarrollando, donde la búsqueda de la sabiduría es el eje central. Proverbios 3 fue titulado como “Exhortación a la obediencia”, y marca una continuación del discurso en Proverbios 2, ahora dirigido a modo de advertencias y consejos precisos en cuanto al compromiso a que estamos llamados con la obediencia a los mandamientoS e instrucciones de Dios en Su Palabra.

“no te olvides”, “tu corazón guarde”, (V.1) “Nunca se aparten de ti”, Átalas”, “Escríbelas” (V.3), la severidad de estos cinco llamados indica su urgencia.

En nuestra fragilidad caída y pecaminosa, olvidarnos de la Ley de Dios es norma. Dejar sin seguro la puerta de nuestro corazón para dejar entrar lo peor, es costumbre. Apartarnos y dejar tiradas la misericordia y la verdad se nos hacen acciones comunes en la cotidiano. Escribir sus verdades en las arenas de nuestros planes inciertos, es lo común.

Olvidamos a Dios, y esa es la fuente de nuestra separación de sus planes. Y, sin embargo, en Su misericordia y amor incompresible, aquí estamos. Tú y yo hemos visto la luz de un nuevo día y esto es obra exclusiva de la misericordia de Dios obrando. Un nuevo día para asumir en serio la esperanza en sus promesas. ¿Cuán serio es nuestro compromiso con la esperanza puesta en sus promesas?

Las dos promesas en este pasaje de proverbios tres (v. 2 y 4), tienen dos vertientes, en las que la sabiduría de Dios, de nuevo, queda exaltada: una promesa es eterna, otra inmediata, para complacer las necesidades de la carne de este lado de la gloria.

Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán”, esta promesa está relacionada a la plenitud del gozo que experimenta el creyente que depende de Dios de este lado de la gloria, pero esencialmente, está relacionada a la promesa de vida eterna que ya conocemos en Cristo, que es la esencia misma de la vida de fe en Él, autor y consumador de nuestra fe. Esta promesa no debe ser confundida en este tiempo con una vida prolongada acá en la tierra. La muerte en plena juventud de un creyente no contradice esta promesa. El creyente que muere joven vive la realidad de esta promesa en la eternidad a que ha sido llamado. ¿Recordamos esta promesa en nuestro pecado recurrente y cotidiano? ¿Pesa más el olvido a que convoca nuestro pecado que la esperanza que mueve nuestra fe?”

Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres”, aquí Dios concede una promesa al corazón del hombre que suple una de las necesidades sociales esenciales y de mayor peso a ese corazón caído: la aceptación de los demás. Sabiamente, Salomón prioriza el orden de esta aceptación: Primero Dios, y en ese detalle está la clave que debemos entender. El objetivo de vivir los preceptos de Dios, no es encontrar la aceptación de los hombres, sino la gracia ante los ojos de Dios y entonces, por añadidura, encontraremos la buena opinión de los hombres. Las preguntas que nos tocan son: ¿De quién estamos necesitando aceptación? ¿Necesitamos aceptación de la sociedad moderna que vive apartada de Dios o buscamos diligentemente agradar a Dios con nuestra forma de vida y nuestra fe?

La esperanza y el agradecimiento que mueven el corazón de la fe, tienen esencia de eternidad y no de presente o de inmediato. El gozo en sus promesas es vivencia práctica para quien asume Sus principios como guía para su esperanza. El peso del pecado en la vida del creyente tiende a cero, en la medida que el gozo en Su esperanza sea el norte que le mueve.

No olvidar a Dios en lo cotidiano de nuestro vivir, es la esencia de la vida de fe. ¿Lo olvidamos?

Padre, cédenos el corazón agradecido para no olvidar tus misericordias renovadas en este nuevo amanecer. Que el recuerdo de tu hijo Jesús, sea la pieza de papel donde escribimos cada pensamiento y cada acción en nuestra cotidianidad.

365 Meditaciones…167

Julio 20, 2017

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